miércoles, 17 de junio de 2009
viernes, 12 de junio de 2009
MILENIO 11/06/09

HABITACIÓN
En muchas ocasiones se ha reiterado que el espacio es la materia prima de la arquitectura, sin embargo, pocos teóricos han podido separar lo tangible de lo intangible dentro de la práctica edilicia. En pleno modernismo, en diciembre de 1949, el filosofo post-estructuralista Martin Heidegger dicta en Bremen, una conferencia titulada “La Cosa”. En ella explica la parábola de la jarra, una disertación sobre el carácter relativo de lo que entendemos como realidad. De ella se desprende el siguiente párrafo:
“La pared y el fondo de los que consta la jarra y gracias a los cuales la jarra se mantiene en pie no son propiamente lo que acoge. Pero si esto último descansa en el vacío de la jarra, entonces el alfarero, que con el torno da forma a la pared y al fondo, lo que hace no es propiamente la jarra. Lo único que hace es moldear la arcilla. No moldea el vacío. Para él, hacia él y a partir de él moldea la arcilla dándole una forma. El alfarero lo primero que hace, y lo que está haciendo siempre, es aprehender lo inasible del vacío y producirlo en la figura del recipiente como lo que acoge. El vacío de la jarra determina cada uno de los gestos de la actividad de producirla. La ‘cosidad’ del recipiente no descansa en modo alguno en la materia de la que está hecho, sino en el vacío que acoge.
Pero ¿está realmente vacía la jarra?”
Dentro de un orden similar de ideas podríamos decir que una habitación no se forma solo de los materiales con los que está construida, una pila de ladrillos y cemento son ciertamente diferentes de lo que comprendemos como habitación. Es necesario considerar el espacio invisible, vacío y silencioso rodeado de toda esa forma para tener una habitación. Sin la nada no hay habitación.
También Heidegger decía: “Sólo si somos capaces de habitar, solamente así seremos capaces de construir”, pero ¿que significa ser capaz de habitar? Fundamentalmente, la capacidad para habitar el espacio es el nivel de conciencia que un individuo puede adquirir en cuanto a las características de su estancia en el mundo, sobre la tierra y bajo el cielo.
Lorenzo Rocha
jueves, 4 de junio de 2009
MILENIO 04/06/09

SENTIR LA ARQUITECTURA
El premio Pritzker de arquitectura, es la distinción anual más prestigiosa a la que pueden aspiran los arquitectos. Este fin de semana fue otorgado al arquitecto suizo Peter Zumthor (Basilea, 1943), en el Palacio San Martín de Buenos Aires. El laureado es sin duda autor de una arquitectura estética, no precisamente por la belleza de sus obras, sino por su profunda componente sensorial. La experiencia estética que se obtiene al visitar una de sus más célebres obras, las Termas de Vals, es inigualable, ya que incluye estímulos táctiles, olfativos y hasta gustativos, no solamente visuales y auditivos, como en el caso de la mayoría de las obras de arquitectura. Las termas son unas piscinas de aguas minerales situadas al pie de una alta montaña, Zumthor celebra la vista humana con un manejo cenital de la luz natural, el oido con el sonido de las cascadas del agua que está en constante circulación, el tacto con las texturas de los muros y con pozas que van de los 14 a 42 grados de temperatura, el olfato en una tina llena de pétalos de flores y el gusto en una fuente donde se puede beber el agua de manantial. Además de obras como ésta, el arquitecto ha escrito importantes textos como “Pensar la arquitectura” (Editorial GG, 2004), en sus escritos es claro que para él, todo detalle es importante en un proyecto. Describe los materiales y experiencias espaciales con una profundidad que transmite su altísima sensibilidad, para Zumthor es importante hasta la sensación de un piso de piedra rugosa bajo nuestros pies.
Frecuentemente se ha calificado a este premio como un equivalente al “Nobel en arquitectura”, sin embargo, los arquitectos distinguidos con anterioridad tienen importantes inconsistencias en cuanto a la profundidad de su obra. La arquitectura es un arte teñida inevitablemente por la política y el comercio, por esta razón, su más distinguido premio ha equiparado a arquitectos de la densidad de Barragán, Siza, o Rossi; con arquitectos tan superficiales como Gehry, Hadid o Mayne.
Lorenzo Rocha
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